¿Usted cree amable lector que si a Javier Lamarque le hubiera dicho la presidenta Sheinbaum o su jefe político en Sonora que él será el candidato por la gubernatura en el 27 estuviera haciendo campaña? ¡Por supuesto que no! Fuera el hombre más discreto, de bajo perfil y mesurado.
En los últimos días Lamarque Cano ha sido muy apapachado por algunos medios y comunicadores, publican imaginarias encuestas donde va a la cabeza, declaraciones alegres y hasta se juegan su escasa credibilidad al asegurar que es ya el candidato de Morena, la zalamería no es gratis, se paga del presupuesto municipal, en Morena todos saben que la decisión está aún lejana.
Lo que sí tiene claro Javier es que controla a muchos delegados de Morena y eso tal vez le reditúe más que la famosa encuesta, ojalá, así como controla a esas personas al interior de su partido hubiera controlado a los servidores públicos que ponen en duda la integridad de su administración.
Javier Lamarque tiene la trayectoria dentro de la izquierda para ser considerado como uno de los posibles candidatos, sin embargo, el escándalo de la semana pasada de contrataciones al margen de la ley abre un boquete que será aprovechado primero por los morenistas que no comulgan con él.
Lamarque Cano suele dedicar mucho tiempo en sus ruedas de prensa a señalar la “corrupción de los de antes”, hoy se le cauteriza el discurso tan recurrente que en su administración las cosas se hacen “conforme a la normatividad”, no hay nada de para presumir como gobierno si a un funcionario se le permite contratar a la esposa, la suegra y el suegro.
La confianza que depositó Javier Lamarque en una persona cercana a él para aceptar recomendaciones para muchos puestos en el organigrama fue pagada con actos muy cuestionables (que pudieran considerarse corrupción), se necesita una acción muy muy contundente del presidente municipal para contrarrestar las consecuencias de esa falta de probidad.
Decía Andrés Manuel López Obrador que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”, un refrán que retrata a las personas que tuercen el camino en su desempeño en el servicio público y en ello no hay vuelta a atrás.
En los últimos días he escuchado expresiones de personas -algunas de la administración municipal- que no se sorprenden por el acto en sí, sino por la estupidez en el modus operandi, la conclusión es la misma que impulsa y que lleva a muchos a cometer delitos; la impunidad de sentirse bien relacionado con quien toma las decisiones.
Tal vez esto se pudo haber evitado si en vez de distrerse en una campaña adelantada pusiera más atención en el desempeño de las personas que estan a su alrededor.